El vuelo mágico del Chamán

Por Américo Fernández. Para nuestras etnias el Chaman es el arbitro moral de la comunidad, y por ende “encarna la concepción del mundo del grupo y ejerce funciones de control social.”

Su formación esta pautada dentro de normas institucionales y generalmente son voluntarios quienes se inician en la práctica del chamanismo bajo la supervisión de un maestro que durante años los va formando e imponiéndoles restricciones dietéticas, sexuales y sociales indispensables para llegar a consumar lo que ellos llaman “el vuelo mágico” lo cual alcanzan mediante el uso de sustancias psicotrópicas, esencialmente el Yopo y Tabaco.

        
El Yopo se prepara con las semillas o habas negras de la vaina del árbol del mismo nombre.  Estas se tuestan y trituradas se convierten en un poderoso alucinógeno natural.  Los indios Piaroa entre canción y canción, todo un ritual, preparan el famoso polvo.  Otras tribus lo humedecen, fermentan y  mezclan con limaduras de caparazones de caracol. Una vez seca la mezcla, se pulveriza finamente y se administra mediante un tubo largo introducido a una fosa nasal en cuyo otro extremo otra persona sopla fuertemente para hacer llegar el polvo a la nariz.  Otra manera consiste en  esnifar el Yopo ya preparado a través de una pipa que no es más que dos huesos huecos que se colocan en la nariz para esnifar.


         Algunas tribus  utilizan tabaco como aditivo del Yopo y otros utilizan plantas de la familia Virola. Sus efectos se presentan casi instantáneamente después de la primera aspiración y duran 15 minutos como máximo.

El Tabaco que cultivan, parte de su uso cotidiano, es un elemento propio del ritual Chamanístico Panare o E¨ñapa. La consunción del jugo del tabaco verde es una de las pruebas a la que se somete el neófito durante el proceso de iniciación, mientras que el humo del tabaco fumado constituye uno de los instrumentos empleados por un Chamán consumado para diagnosticar males y emprender su curación.
A un Chaman propiamente dicho se le atribuyen poderes para controlar los elementos ambientales y las fuerzas sobrenaturales, convertirse en intermediario ante el amo de los animales, transmigrar, diagnosticar y curar enfermedades así como causarles y llegar a generar la muerte.
El Chamanismo de la etnia Panare es una institución respetable que trasciende sus fronteras. Es según la antropóloga María Eugenia Villalón, un punto de articulación fundamental entre la sociedad indígena y el mundo criollo que le rodea.
 

En efecto, recalca ella, el Chamanismo es quizá la única práctica indígena que el criollo respeta, utiliza y teme y ante la cual reconoce abiertamente su inferioridad y desventaja. Recíprocamente, es a través del Chamanismo (y del temor que este despierta) que el Panare puede conservar cierta ascendencia en esa sorda pugna donde dos mundos opuestos y altamente dispares se encuentran y miden fuerzas: la superioridad material de uno mitigada por la superioridad mágica del otro. La relativa ventaja que el conocimiento chamánico le otorga al Panare es un elemento fundamental al proceso de definir identidad y equilibrar valoraciones sociales: refuerza la autoestima del Chamán y su grupo, incrementa el prestigio de la profesión y perpetúa el monopolio indígena sobre las fuerzas  arcanas.

         Según la antropólogo Villalón, los Panare bajo el adoctrinamiento de los misioneros de las Nuevas Tribus han terminado por identificar la figura del Cristo y sus poderes con la figura del Chamán. Se entiende que hay un proceso para hacer que un indio como el panare termine rompiendo con su cultura religiosa ancestral para asimilarse a otra.  Los misioneros de las nuevas tribus ejecutan una estrategia de adoctrinamiento en dos direcciones simultáneamente: el desprestigio de chamanismo y la agresiva introducción de la mitología cristiana.

La antropóloga sostiene en un trabajo de investigación que aunque la labor del misionero es efectiva en cuanto lograr que el panare abandone la cultura ancestral del chamanismo, en el fondo aun con la religión de cristo encima, el chamanismo continúa funcionando. Explicado gráficamente diríamos que el árbol ideológico del chamanismo no queda afectado en sus raíces sino en su fronda, cree entender que verdaderamente solo se produce una sólida e irreductible asociación entre la figura de dios y del Chaman.
Entre los indio Panare la satanización del chamanismo por parte de las Nuevas Tribus se centra en el desprestigio chamán, más que en la negación de sus poderes, de cuya existencia los evangélicos están convencidos salvo que los definen como manifestación satánica.

Pero los Panare podrían negar tal perversidad aduciendo que el Chaman al igual que Cristo o dios cura enfermedades y castiga a quienes hacen mal. Evidentemente que al Panare frente al persistente discurso evangélico se le presenta un conflicto que determina en el un nuevo comportamiento.

1 comentario:

Anónimo dijo...

GRACIASS FRANKLIN POR TU EXCELENTE. REPORTR. SALUDOS DESDE TERRAVENTURA